Doctor, ¿hay cura o algo para frenar la enfermedad de Parkinson?

Cuando una persona recibe el diagnóstico de enfermedad de Parkinson, una de las preguntas que con mayor frecuencia plantea es: "Doctor, ¿existe algún tratamiento que pueda frenar la enfermedad y no solamente mejorar los síntomas?"
La respuesta actual debe ser prudente. Disponemos de tratamientos muy eficaces para mejorar muchos síntomas del Parkinson, especialmente los síntomas motores, pero todavía no existe ningún tratamiento aprobado que haya demostrado de forma definitiva detener o ralentizar la progresión de la enfermedad.
Sin embargo, probablemente nunca se habían investigado simultáneamente tantas estrategias diferentes para intentar modificar la evolución del Parkinson. Algunas han fracasado, otras han proporcionado resultados difíciles de interpretar, y varias se encuentran actualmente en ensayos clínicos avanzados.
¿Qué significa exactamente "ralentizar la progresión" del Parkinson?
Es importante diferenciar dos conceptos.
Un tratamiento sintomático mejora determinados síntomas mientras el medicamento está actuando. La levodopa es el mejor ejemplo: puede mejorar considerablemente la lentitud, rigidez o temblor, pero no se considera un tratamiento modificador de la enfermedad.
Un tratamiento modificador de la enfermedad o disease-modifying treatment debería actuar sobre alguno de los mecanismos biológicos responsables de la neurodegeneración y conseguir que la enfermedad progrese más lentamente.
Esto significa que dos pacientes inicialmente similares, uno tratado y otro no tratado, deberían separarse progresivamente con el tiempo porque el primero estaría acumulando menos deterioro debido a la enfermedad.
Demostrar algo así es mucho más difícil que demostrar simplemente que un medicamento mejora los síntomas. Por eso los ensayos son tan complejos, largos, y costosos.
¿La levodopa frena el Parkinson?
La levodopa es el tratamiento farmacológico más eficaz para muchos de los síntomas motores del Parkinson, pero no se ha demostrado que modifique su progresión.
El estudio LEAP comparó iniciar levodopa de forma precoz frente a hacerlo más tarde y no encontró evidencia de un efecto modificador de la enfermedad, ni favorable ni perjudicial. El seguimiento posterior a cinco años reforzó esta conclusión. Por tanto, no hay evidencia de que debamos retrasar la levodopa con la intención de "reservarla" o evitar que acelere la enfermedad.
Esto es importante porque intentar encontrar un tratamiento neuroprotector nunca debería significar dejar de tratar adecuadamente los síntomas actuales del paciente.
Entonces, ¿sobre qué mecanismos se está investigando?
El Parkinson es probablemente mucho más complejo de lo que pensábamos hace décadas. No parece existir un único mecanismo responsable de la enfermedad en todos los pacientes.
La investigación intenta actuar, entre otros mecanismos, sobre la alfa-sinucleína, el funcionamiento de los lisosomas, determinados factores genéticos como GBA1 y LRRK2, la inflamación, la función mitocondrial, factores neurotróficos y mecanismos relacionados con el metabolismo energético.
Precisamente esta heterogeneidad puede explicar por qué un tratamiento podría funcionar en determinados pacientes y no en otros.
¿Qué es la alfa-sinucleína y por qué es tan importante?
La alfa-sinucleína es una proteína que existe normalmente en nuestro sistema nervioso. En la enfermedad de Parkinson puede adoptar configuraciones anormales, agregarse y acumularse dentro de las neuronas.
Estas acumulaciones están estrechamente relacionadas con la neuropatología del Parkinson y por ello una de las estrategias más estudiadas consiste en intentar eliminar o neutralizar la alfa-sinucleína anormal.
Uno de los medicamentos más avanzados en esta línea es prasinezumab, un anticuerpo monoclonal dirigido contra alfa-sinucleína agregada.
¿Qué sabemos actualmente de prasinezumab?
El ensayo PADOVA estudió prasinezumab en 586 personas con Parkinson en fases iniciales.
El resultado principal mostró una tendencia favorable, pero no alcanzó el nivel de significación estadística previamente establecido: HR 0,84; intervalo de confianza del 95% 0,69–1,01; p=0,0657.
En un análisis previamente especificado de los participantes que estaban tomando levodopa, que representaban aproximadamente tres cuartas partes de la muestra, el HR fue 0,79. Estos datos resultaron suficientemente interesantes para continuar estudiando el medicamento, pero no permiten afirmar todavía que prasinezumab ralentice el Parkinson.
Actualmente se encuentra en marcha un ensayo clínico fase III, en pacientes con Parkinson inicial tratados con levodopa (PARAISO). El tratamiento se administra mediante una infusión intravenosa cada cuatro semanas y se compara con placebo. El estudio se encuentra en fase de reclutamiento.
Probablemente sea uno de los experimentos clínicos más importantes que tendremos que seguir durante los próximos años.
¿Significa que prasinezumab ya funciona?
No. Este es un buen ejemplo de por qué debemos ser rigurosos al hablar de tratamientos experimentales. Una "tendencia positiva" no equivale a demostrar eficacia. El ensayo fase III deberá confirmar o descartar si el efecto observado previamente es real, reproducible y suficientemente importante desde un punto de vista clínico.
Por tanto, prasinezumab es prometedor, pero continúa siendo un tratamiento experimental.
¿Y los medicamentos utilizados para la diabetes y la obesidad, los llamados agonistas GLP-1?
Esta es otra línea de investigación que ha despertado mucho interés. Los receptores GLP-1 no existen únicamente en el sistema digestivo y el páncreas; también están relacionados con diferentes procesos en el sistema nervioso. Por ello se ha planteado que determinados agonistas GLP-1 pudieran ejercer efectos neuroprotectores.
Uno de ellos, lixisenatida, produjo resultados interesantes en el ensayo LIXIPARK. En este estudio fase II participaron 156 pacientes con Parkinson inicial, 78 tratados con lixisenatida y 78 con placebo. Después de 12 meses, la puntuación motora MDS-UPDRS III prácticamente no cambió en el grupo tratado, mientras que empeoró aproximadamente 3 puntos en el grupo placebo. Sin embargo, aparecieron efectos secundarios gastrointestinales con frecuencia: aproximadamente el 46% presentó náuseas y el 13% vómitos. Además, se necesita un ensayo mayor y de más duración para saber si realmente estamos observando neuroprotección.
Entonces, ¿los GLP-1 han demostrado frenar el Parkinson?
No. De hecho, existe un dato muy importante que obliga a ser prudentes. Exenatida, otro agonista GLP-1 que había mostrado resultados interesantes en estudios iniciales, fue evaluada posteriormente en un ensayo fase III con aproximadamente 200 pacientes durante 96 semanas. El resultado fue negativo. La puntuación motora MDS-UPDRS III en situación OFF empeoró una media de 5,7 puntos con exenatida y 4,5 puntos con placebo, sin diferencias estadísticamente significativas entre ambos grupos. Los investigadores concluyeron que el estudio no aportaba evidencia de que exenatida modificase la progresión del Parkinson.
Por tanto, no podemos extrapolar los posibles beneficios de un agonista GLP-1 a todos los medicamentos de esta familia. Y, especialmente, estos resultados no justifican que una persona con Parkinson utilice por su cuenta semaglutida, exenatida, lixisenatida u otro medicamento de este grupo con la intención de frenar la enfermedad.
¿Qué importancia tiene el gen GBA1?
Esta es una de las áreas más interesantes de la denominada medicina de precisión en Parkinson. El gen GBA1 contiene la información necesaria para producir una enzima denominada glucocerebrosidasa o GCase, implicada en el funcionamiento de los lisosomas, que podríamos simplificar como uno de los sistemas de "reciclaje y eliminación de residuos" de nuestras células.
Aproximadamente un 10–15% de las personas con Parkinson presentan alguna variante de GBA1, aunque las cifras dependen de la población estudiada. Alteraciones de esta vía pueden facilitar una peor eliminación de determinadas proteínas, incluida la alfa-sinucleína.
¿Qué es el ambroxol y por qué se está estudiando en Parkinson?
El ambroxol es un medicamento utilizado desde hace décadas como mucolítico en algunos países. Sin embargo, a dosis mucho mayores que las empleadas habitualmente para problemas respiratorios puede actuar sobre la vía GCase.
Un estudio inicial mostró que el ambroxol podía alcanzar el líquido cefalorraquídeo y modificar biomarcadores relacionados con GCase. A partir de estos datos se ha puesto en marcha ASPro-PD, un ensayo clínico fase III que pretende incluir 330 personas con Parkinson y estudiar el tratamiento durante 104 semanas. Aproximadamente la mitad serán portadores de variantes GBA1 y la otra mitad no, lo que permitirá analizar si determinadas características genéticas condicionan la respuesta.
Es un planteamiento especialmente interesante porque puede ayudarnos a responder una pregunta fundamental: ¿debemos dejar de buscar un único tratamiento para "todo el Parkinson" y empezar a tratar de forma diferente distintos subtipos biológicos de la enfermedad? Pero los resultados definitivos todavía no están disponibles. Además, las dosis estudiadas para Parkinson son muy diferentes de las utilizadas como mucolítico, por lo que no debe utilizarse ambroxol por cuenta propia con intención neuroprotectora.
¿Qué ocurre con LRRK2?
LRRK2 es otro gen relacionado con Parkinson y otra de las grandes vías de investigación.
Durante años existió mucho interés en BIIB122/DNL151, un inhibidor de LRRK2. Sin embargo, en mayo de 2026 se comunicaron los resultados del ensayo fase IIb LUMA, realizado en 648 pacientes con Parkinson inicial. El estudio no alcanzó ni el objetivo principal ni los objetivos secundarios y no demostró ralentización de la progresión frente a placebo. Como consecuencia, se decidió interrumpir su desarrollo para Parkinson idiopático.
Sin embargo, la investigación no ha desaparecido. Continúa el estudio BEACON específicamente en personas portadoras de una variante patogénica de LRRK2, con resultados previstos para 2027. Una vez más aparece la misma idea: quizá actuar sobre LRRK2 no sea eficaz para cualquier paciente con Parkinson, pero podría tener un efecto diferente en aquellos cuya enfermedad está biológicamente vinculada a esa vía.
¿Han fracasado también tratamientos dirigidos específicamente a GBA1?
Sí, y es importante explicarlo porque los resultados negativos también hacen avanzar la ciencia.
El medicamento BIA 28-6156 o pariceract intentaba aumentar la actividad de GCase y fue estudiado específicamente en pacientes con Parkinson portadores de variantes GBA1. El ensayo ACTIVATE incluyó 273 participantes tratados durante aproximadamente 18 meses. En junio de 2026 se comunicó que la progresión fue similar en los pacientes tratados y en los que recibieron placebo, por lo que no se continuará su desarrollo para esta indicación.
Esto no significa que GBA1 haya dejado de ser una diana interesante. Significa que ese medicamento concreto y esa forma concreta de actuar sobre la vía no consiguieron demostrar eficacia clínica.
¿Se está investigando terapia génica?
Sí. Una de las estrategias actualmente en estudio es AB-1005, también denominada ametefgene parvec, una terapia génica diseñada para hacer que determinadas células cerebrales produzcan de forma mantenida un factor llamado GDNF —glial cell line-derived neurotrophic factor—, que podría favorecer la supervivencia y función de las neuronas dopaminérgicas.
Se administra directamente en determinadas regiones cerebrales mediante neurocirugía y actualmente está siendo evaluada en el ensayo fase II REGENERATE-PD. Se trata de una aproximación completamente diferente a tomar una pastilla o recibir una infusión y todavía debe demostrar en estudios controlados que el potencial beneficio compensa los riesgos asociados al procedimiento.
¿Y las células madre?
También están avanzando rápidamente, aunque debemos aclarar un concepto. El objetivo de determinadas terapias celulares no es necesariamente detener el mecanismo que origina el Parkinson, sino reemplazar neuronas dopaminérgicas perdidas.
Una de las más avanzadas es bemdaneprocel, formada por precursores neuronales dopaminérgicos derivados de células madre pluripotentes. Después de los estudios iniciales se está realizando actualmente el ensayo fase III exPDite-2, diseñado para incluir aproximadamente 102 pacientes y comparar el trasplante celular con una intervención simulada. Si finalmente funcionara, podría representar un enorme avance terapéutico. Pero sería importante diferenciar entre reparar o sustituir las neuronas perdidas y detener el proceso biológico que continúa produciendo la neurodegeneración. Son conceptos relacionados, pero no necesariamente idénticos.
¿Puede el ejercicio ralentizar el Parkinson?
El ejercicio tiene numerosos beneficios demostrados en personas con Parkinson sobre movilidad, capacidad física, equilibrio, autonomía y otros aspectos de la salud.
La posibilidad de que además pueda modificar la progresión de la enfermedad es particularmente interesante, pero todavía no está definitivamente demostrada.
El estudio fase III SPARX3 está evaluando esta cuestión en 370 personas con Parkinson inicial, comparando ejercicio aeróbico de intensidad moderada con ejercicio de alta intensidad, cuatro veces por semana. El estudio analiza tanto la progresión clínica como biomarcadores relacionados con el sistema dopaminérgico.
Por tanto, actualmente podemos afirmar con seguridad que hacer ejercicio es muy beneficioso para una persona con Parkinson. Lo que todavía estamos intentando demostrar científicamente es si, además, cambia directamente la velocidad del proceso neurodegenerativo.
¿Por qué es tan difícil demostrar que un tratamiento frena el Parkinson?
Probablemente por varios motivos.
En primer lugar, el Parkinson progresa lentamente, por lo que los ensayos deben durar mucho tiempo.
En segundo lugar, medicamentos como la levodopa mejoran los síntomas y pueden dificultar distinguir entre un efecto puramente sintomático y un verdadero efecto neuroprotector.
En tercer lugar, dos personas con el mismo diagnóstico clínico pueden tener mecanismos biológicos parcialmente diferentes.
Y, finalmente, todavía necesitamos mejores biomarcadores capaces de medir directamente la actividad de la enfermedad.
Precisamente por eso están adquiriendo tanta importancia la genética, los biomarcadores de alfa-sinucleína, el análisis del líquido cefalorraquídeo, las técnicas de imagen y otros marcadores biológicos. La investigación moderna intenta progresivamente pasar de clasificar a todos los pacientes simplemente como "Parkinson" a identificar qué tipo de Parkinson tiene cada persona desde un punto de vista biológico.
¿Debería una persona con Parkinson realizarse un estudio genético?
No necesariamente todas las personas con Parkinson necesitan inmediatamente un estudio genético para su tratamiento habitual.
Sin embargo, la genética está adquiriendo cada vez mayor relevancia, especialmente en pacientes con inicio joven, antecedentes familiares o cuando existe interés en participar en determinados ensayos clínicos.
Es posible que en el futuro conocer variantes como GBA1 o LRRK2 —y probablemente muchas otras características biológicas— tenga consecuencias terapéuticas mucho mayores que actualmente.
La decisión de realizar un estudio genético debe individualizarse y, cuando sea necesario, acompañarse de un adecuado asesoramiento genético.
¿Tiene sentido participar en un ensayo clínico?
Sí, puede ser una opción muy interesante para determinados pacientes.
Participar en un ensayo permite contribuir directamente al desarrollo de nuevos tratamientos y, en ocasiones, acceder a terapias experimentales que todavía no están disponibles en la práctica clínica.
Pero participar en un ensayo no significa necesariamente recibir el medicamento experimental, ya que muchos estudios incluyen placebo, ni garantiza obtener un beneficio.
Cada ensayo tiene criterios muy concretos relacionados con edad, duración de la enfermedad, tratamientos utilizados, genética, síntomas y otras características. La decisión debe valorarse conjuntamente con el neurólogo y con el equipo investigador.
¿Qué podemos esperar de los próximos años?
Probablemente el futuro del Parkinson no dependa de encontrar una única "pastilla milagrosa".
Es posible que necesitemos diferentes tratamientos para diferentes pacientes y, quizá, combinaciones de tratamientos dirigidos simultáneamente contra varios mecanismos.
Una persona podría tener un tratamiento dirigido contra alfa-sinucleína; otra, contra una alteración de GBA1 o LRRK2; otra podría beneficiarse de una terapia génica o celular; y en algunos casos podrían combinarse estrategias.
Por ello, los avances en biomarcadores y medicina de precisión pueden resultar tan importantes como el desarrollo de los propios medicamentos.
No sabemos todavía cuál de estas estrategias conseguirá ser la primera en demostrar de forma inequívoca un efecto modificador de la enfermedad. Pero varios ensayos actualmente en fases II y III están intentando responder precisamente a esta pregunta.
RESUMEN
1. Actualmente no existe ningún tratamiento aprobado que haya demostrado de forma definitiva ralentizar o detener la progresión del Parkinson. Los tratamientos disponibles pueden, sin embargo, mejorar de forma muy importante los síntomas y la calidad de vida.
2. La alfa-sinucleína es una de las principales dianas de investigación. Prasinezumab no alcanzó el objetivo principal de su estudio fase IIb (PADOVA), aunque mostró señales que han justificado la realización de un ensayo fase III actualmente en marcha (PARAISO).
3. Los agonistas GLP-1 continúan siendo una línea de interés, pero los resultados son contradictorios. Lixisenatida produjo una diferencia de aproximadamente 3 puntos en la evolución motora durante 12 meses en un estudio fase II, mientras que exenatida no mostró beneficio en un ensayo fase III de 96 semanas.
4. La medicina de precisión probablemente será fundamental. GBA1 y LRRK2 son dos ejemplos de vías biológicas que podrían permitir seleccionar tratamientos para subgrupos específicos de pacientes.
5. Ambroxol está siendo evaluado en un ensayo fase III con 330 pacientes, diferenciando entre portadores y no portadores de variantes GBA1. Todavía no sabemos si ralentiza la enfermedad.
6. La terapia génica y la terapia celular están avanzando. AB-1005 intenta proporcionar GDNF mediante terapia génica, mientras que bemdaneprocel intenta reemplazar neuronas dopaminérgicas perdidas. Ambas estrategias continúan siendo experimentales.
7. El ejercicio debe formar parte del tratamiento habitual del Parkinson por sus múltiples beneficios, aunque sigue investigándose si además puede ralentizar directamente la neurodegeneración. El ensayo fase III SPARX3 intenta responder precisamente a esta cuestión.
8. La investigación actual permite ser razonablemente optimistas, pero debemos diferenciar siempre entre un mecanismo científicamente atractivo, un resultado preliminar prometedor y un tratamiento que realmente haya demostrado modificar la evolución de la enfermedad. Ese último paso todavía no se ha conseguido.
9. Pero probablemente estamos entrando en una etapa especialmente interesante de la investigación en Parkinson, en la que los biomarcadores, la genética y una mejor comprensión de los diferentes mecanismos biológicos pueden permitir pasar progresivamente de tratar únicamente los síntomas a intentar actuar sobre la propia enfermedad.
10. Como paciente con enfermedad de Parkinson, siempre es muy importante que entienda que participar en un ensayo clínico implica ser parte de una investigación y que puede ser beneficioso si el tratamiento funcional pero igualmente también puede haber efectos secundarios. Independientemente de ello, hay muchos fármacos sintomáticos para ayudar a mejorar actualmente los síntomas del Parkinson.